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ESTUDIO BÍBLICO 6 - SERIE ESCOGIDOS: DANIEL

LA ORACIÓN DE DANIEL

Por Alejandra Lovecchio de Montamat
lovecchioalejandra@gmail.com

Daniel 9:1-27
Han pasado 12 años desde que Daniel recibió la visión del capítulo 8 que lo impresionó terriblemente. El dominio babilónico llegó hasta el año 539aC bajo el reinado de Nabónido y la regencia de su hijo Belsasar quién debió enfrentar la invasión del siguiente imperio profetizado en el sueño de Nabucodonosor. Ciro II el Grande ingresó en Babilonia y conquistó todo el territorio de Medio Oriente; así Persia llegó a su cenit bajo el reinado de Darío el Grande (521-486aC) y continuó hasta su caída a manos del griego Alejandro Magno en 330aC.
Según las profecías de Jeremías, luego de 70 años de cautividad en tierra extranjera, el pueblo de Israel retornaría a Jerusalén. Recordamos que hubo tres deportaciones sucesivas: 605aC, 597aC y la última en 586Ac tras la destrucción del templo. Como ese período de tiempo ya se estaba por cumplir, el anciano Daniel decide hacer algo muy especial: una oración de confesión y petición. Su oración es contestada, pero no de la forma en que esperaba. Dios utiliza a un ángel mensajero para desplegar más detalles acerca de la visión que había tenido hacía más de una década y que se relaciona con el final de los tiempos. Además, se le menciona el tiempo del advenimiento del Mesías.

El momento histórico Daniel 9:1-3
A la fecha hay todavía dudas acerca del Darío mencionado en este capítulo que aparentemente correinó con Ciro el Grande en ese momento histórico. Los últimos trabajos de historiadores y arqueólogos se inclinan a pensar que éste era Ciarjes II, suegro de Ciro quién era un medo de edad avanzada que gestionó el proceso de liderazgo en Babilonia y aseguró el fortalecimiento del dominio a manos de su yerno Ciro.
Daniel es lector de la Palabra y sabe que el tiempo del fin del cautiverio se acerca, además tiene total conciencia de por qué Israel estaba viviendo en el extranjero debido a su desobediencia y rebeldía hacia Dios y su pacto (Dt 28:63-66; 30:1-10 y 31:16-18).
¿Por qué el Señor estableció un período de castigo de 70 años? Leyendo 2 Crónicas 36:17-23 y Jer 25:11-14 descubriremos que es debido a la violación de la ley sabática.
Daniel tenía la opción de ignorar la profecía y afianzarse como jefe de asesores en el nuevo reino. Según los relatos del capítulo 6 sabemos que siguió al frente de sus tareas administrativas, pero que comenzó a orar especialmente por la restauración de su pueblo en Jerusalén. Si recordamos el encumbramiento de Daniel como jefe de los sátrapas y el episodio del foso de los leones es muy posible que las oraciones diarias de Daniel mirando desde su ventana hacia Jerusalén tuvieran que ver con esta oración intercesora.

Oración de confesión Daniel 9:4-15
Daniel no subestimó ni su propio pecado ni el de su pueblo. Sabemos el ejemplo de vida de este hombre de Dios y sin embargo menciona acciones contra de la santidad de Dios. Desde el punto de vista humano parece exagerar, pero Daniel utiliza como estándar la Palabra de Dios para medir su propia conducta y entiende que ante la santidad de Dios nadie puede salir aprobado.
Israel fue un pueblo privilegiado por Dios, pero a su vez fue juzgado de acuerdo con ese privilegio y sufrió las consecuencias por violentar el pacto sellado en el Monte Sinaí. El pecado de Israel es visto en contraste con el carácter de Dios (versos 4,7, 9 y 14).
Dios es justo, recto y santo, a la vez misericordioso y compasivo; Daniel reconoce su estado natural y su condición de pecador para recibir el perdón. Su oración es un modelo universal de confesión, aunque es también intercesora ya que representa a todo Israel, en ella se incluye entre los que necesitan ser perdonados. Siglos más adelante, Jesús oró otra oración intercesora, pero sin haber cometido pecado, él cargará con el peso de la ira santa del Padre al asumir el estado de pecador por todos los que serán salvos en su gracia.

Oración de petición Daniel 9:16-19
Quien reconoce su condición ante el supremo Hacedor, también sabe por la Biblia que la misericordia del Señor es amplia y se atreve a pedirla. Daniel requirió el perdón del pueblo en base a las promesas del Señor plasmadas en las Escrituras. También su petición está centrada en el carácter y los propósitos de Dios quién merece toda la gloria y la honra y quién actuará de acuerdo con su carácter.
Aquí conviene recordar que Dios es soberano y que actúa siempre de acuerdo con su perfecta voluntad; muchas personas confunden esta soberanía con arbitrariedad o capricho (características del hombre pecador, no del Dios santo). Que no entendamos sus caminos o que no comprendamos por qué actúa de formas misteriosas sólo demuestra lo lejos que estamos de conocer al Dios infinito. Pablo entendió que por fe los creyentes debemos confiar que todas las cosas Él las determina para el bien de los que son suyos (Ro 8:28). Daniel solicita gracia, misericordia y compasión no en base a algo que él haya logrado sino en base al carácter de Dios.

La respuesta Daniel 9: 20-27
Aquí aparece nuevamente el ángel Gabriel, aquel que años antes se le apareció en el río Ulai, cuando había recibido la visión del carnero y el chivo. Le viene a dar percepción y entendimiento sobre la visión recibida en el capítulo 8 que Daniel no pareció entender. Luego de su oración de confesión e intercesión, Dios desea que tenga más profundo entendimiento sobre la misma.
Daniel sabe por la Biblia que su pueblo se prepara para retornar a Jerusalén a reconstruir el templo y es muy posible que su esperanza fuera que el reino de Dios prometido en el sueño del rey de Babilonia sería establecido en ese momento.
Gabriel no habla de 70 años sino de setenta semanas o literalmente setenta sietes (o grupos de siete) que equivalen a 490 años.

El reino anunciado
Hasta ese momento Daniel sabía que luego de cuatro reinos humanos el reino eterno del Señor sería establecido, pero todavía faltaba reconocer el tiempo de su llegada y la naturaleza de este. Además, necesitaba que le fueran revelados los prerrequisitos para poder ingresar en ese reino.
Desde Edén, fue necesario encontrar una solución al dilema del pecado, ya que Dios no puede aceptar el mismo en su presencia, además de ejecutar su justicia castigando al pecador. Aunque Israel recibió una descripción pormenorizada de los requisitos que Dios estableció en su Ley para que los hombres reconocieran su santidad y la imposibilidad de cumplirla por su inclinación natural a desobedecer, todavía en época de Jesús muchos fariseos creían ser merecedores del reino por haber cumplido (según ellos) con la Ley (Mt 5:20). Cristo enseñó que para entrar al reino no bastaban las reglas enseñadas por los líderes de Israel y que muchos gentiles entrarían, mientras que muchos israelitas serían rechazados (Mt. 8:11).

La condición para ingresar
Daniel había orado confesando el pecado del pueblo, pero esa oración no removió el pecado del corazón ni produjo la justicia que Dios requiere para estar en paz con Él.
Fue cuando el ángel le declaró que 70 semanas de siete (o sea 490 años) estaban decretadas hasta acabar con la rebelión del pueblo, perdonar el pecado, establecer justicia eterna y ungir el lugar santo.

Los dos príncipes
La interpretación introduce los dos principales protagonistas (dos príncipes) y los eventos que conducirían a terminar con el pecado, con los reinos humanos y establecer la justicia eterna del reino de Dios.
Ciro firmó el primer decreto por el cual el pueblo de Israel tuvo permiso de regresar a su tierra (Es 1:1-4, 5:13- 17 en 538aC), pero la Biblia registra otros decretos relacionados con reconstrucciones en Jerusalén: Esdras 6:6-12 en 517aC, Esdras 7:11-26 en 458aC y Neh 2:1-8 en 445aC. La plaza y el muro se reconstruyeron a partir del último decreto firmado por Artajerjes. Con esta profecía en mente, es fácil entender la expectativa mesiánica que reinaba en Israel en épocas del Señor Jesucristo. Comenzando por la irrupción de los magos en el palacio de Herodes buscando al rey que acababa de nacer hasta la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén la semana de su crucifixión (Mr 11:1-10, Lc 19:38-42 con Zc 9:9 y Salmo 118:26).
En 483 años (7+62 semanas de años) la ciudad y el templo estarían en pie, pero el Mesías sería cortado y toda esperanza de la llegada de su reino junto con él. Entonces otro príncipe se levantaría como un impostor del mesías que firmará un pacto con Israel para tomar el dominio de la tierra y de su gente.
Se predice que tanto la ciudad como su templo serán destruidos por este príncipe y que la desolación y devastación serán absolutas. Este hará un pacto con el pueblo por 7 semanas (de años), pero lo romperá a mitad de tiempo, interrumpirá los cultos y sacrificios y colocará un objeto sacrílego dentro del templo. Finalmente vendrá su destrucción completa por decreto de Dios.

Conclusión
• El cuerno pequeño del capítulo 8 es el príncipe impostor del capítulo 9 quien se opone a la santa ciudad y a las huestes del cielo.
• Daniel escribió que el Mesías príncipe debía ser cortado (muerto) y la Biblia nos enseña que su muerte es sustitutoria y necesaria para que pudiésemos estar habilitados de entrar a su reino.
• Desde que Jesús murió y resucitó Dios ha abierto la puerta del reino a todos aquellos que sabiendo su condición se acerquen a Dios en los méritos de Jesús. Hace 2000 años que está abierta la puerta y así permanecerá hasta que el Señor determine el tiempo del fin.
• Aunque la obra sacrificial de Cristo es el centro de la historia de la redención y la base de la salvación, esta profecía es dada a Daniel que está considerando la perspectiva del pueblo de Israel y de los decretos que el Señor ha pactado por medio de Abraham y David. Su oración fue legítima y su inquietud acerca del derrotero de Israel fue respondida en este capítulo.