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El Camino 198 | 17-07-2018
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Lucas 11:1-4|SEÑOR, ENSEÑANOS A ORAR

Cuando Jesús “estaba solo, orando, estaban con él los discípulos.” (Lucas 9:18). “Solo” y ellos estaban “con El”. Estaban físicamente juntos, pero espiritualmente, en dos mundos distintos. El poseía un secreto que ellos no compartían: el secreto de la oración. El oraba y recibía poder, era El mismo poder; ellos no oraban y eran impotentes. El estaba siempre bien; ellos siempre hastiados de sí mismos y de los demás. El se movía con pleno dominio de sí, de una tarea a otra; ellos chapuceaban en las tareas más simples. El pobre niño “tenía un caso de posesión demoníaca superior a la posesión divina de los discípulos y, por eso éstos no pudieron dominar la situación.” No estaban poseídos por Dios porque no estaban poseídos por la oración. Por eso, le pidieron a Jesús que les permitiera compartir su secreto: “Señor, enséñanos a orar.” Y El les enseñó, el Padrenuestro, esencia de la correcta oración.

Esta oración se divide en dos partes: la referente a Dios y la referente al hombre; (1) “Nuestro Padre, Tu nombre, Tu Reino, Tu voluntad.” (2) Danos, perdónanos, no nos metas, líbranos.” La primera parte es Reorientación, la segunda Resultado. En la primera re-orientamos nuestra vida según nuestro Padre, su Nombre, su Reino, su Voluntad y en la segunda obtenemos los resultados: El nos da, nos perdona, no nos deja caer, nos libra. Estos son los latidos alternados del corazón de la oración. Re-orientación-Resultado, Re-orientación-Resultado. Y cada latido es igual al otro. Cuatro cosas en la Re-orientación y cuatro en el Resultado. En otras palabras, obtenéis resultados en la medida de vuestra re-orientación según Dios y nada más. Cuanto más orientas tus propósitos según los propósitos divinos tanto más resultado obtienes. Debe hacerse pues el énfasis en la Re-orientación y el resultado vendrá de por sí. Si estás siempre buscando resultados, has equivocado el camino. Preocúpate de los medios y los fines cuidarán de sí. “Tienes una responsabilidad”, dijo Dios a un santo moderno, “y sólo una responsabilidad y ésta es vivir en unión conmigo.” Cuando El vivió en unión con Dios, Dios tomó a su cargo los resultados. “Tenía una indiferencia por los resultados semejante a la de Cristo”, se dijo de un cristiano que se preocupaba de los medios. Aprende de la primera parte de la oración de los Discípulos y la segunda vendrá de por sí.

Oh Cristo, cuán tiernamente sabio eres. Pones siempre las cosas más importantes en el primer lugar y por ello los resultados siempre siguen naturalmente. Cuando nerviosamente me empeño en lograr resultados, nada me sale bien. Perdóname, y ayúdame. Amén.

Afirmación para el Día: "Deja en calma todas las cosas a Dios, alma mía" (Salmos, 62:1).

El Camino - Stanley Jones
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