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El Camino 263 | 20-09-2018
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I Corintios 15:36-44|LA CURA FINAL

Llegamos al método final de curación de Dios.

7. Dios sana por medio de la cura final: la resurrección. Algunas enfermedades deben esperar la cura final en la resurrección. Vivimos en un mundo mortal, un mundo donde la muerte física es un hecho. Es un hecho beneficioso, porque si nosotros no pasáramos, dejando lugar para la generación siguiente, la Tierra estaría tan repleta que no habría más lugar que para estar de pie. Pero estamos en camino hacia un mundo de inmortalidad donde la muerte no tendrá más entrada. Aquí tiene entrada por la naturaleza misma de las cosas. El cuerpo debe fallar en algún momento. Como el alma, también el cuerpo debe morir para poder vivir.

Algunos de los santos de la Tierra no han sido curados, han yacido en lechos de no mitigado dolor. ¿No ha querido sanarlos Dios? Si, pero en algunos casos El pospone la cura hasta la cura final en la resurrección. El los curará más tarde. Entretanto, no sólo da al sufriente la capacidad de soportar su sufrimiento, sino de utilizarlo hasta tanto llega la liberación final. ¿Utilizarlo? Sí. Hay quienes han sido llamados “al ministerio del sufrimiento”, a llevar una cruz diaria y a vivir “a pesar de”.

Fui llevado a visitar “al ciudadano más eminente de Columbus”, un inválido, ciego y paralítico, pero una personalidad radiante: Cuando se le preguntó cuál era la mayor lección que había aprendido, respondió: “A ver el amor de Dios en todo y en todos. Quien haya alcanzado como yo una felicidad perfecta, no debe ser compadecido.” ¿Compadecido? Dicta libros, irradia buen ánimo y vive tan victoriosamente que las personas sanas y buenas vienen al inválido a aprender a vivir. Un inválido que irradia salud.

Una mujer que había pasado cuarenta y dos años en el lecho “hizo más para el Reino de Dios que todos los pastores de la ciudad”, dijo un hombre de negocios. Así era. Cuando murió, no murió: “Penetró en la puesta del Sol”. No, “penetró en la salida del Sol”. Su espíritu victorioso tiene ahora un cuerpo que corresponde a la victoria del espíritu. “Quisiera poder recibir ahora mi cuerpo resucitado”, dijo el santo P.M. Buck, mientras tecleaba con dos dedos en su máquina de escribir, paralizado el resto por el reumatismo, tratando de terminar un cierto número de libros ya planeados antes de morir. Ahora tiene el cuerpo que había sido pospuesto.

Oh Dios, tú curas, curas, curas. Estoy bajo tus procesos de curación. Les doy perfecta entrada en mí, porque soy redimido en alma, mente y cuerpo. Siento el pulso de la vida en mi interior. Amén.

Afirmación para el Día: "Yo mismo soy la resurrección y la vida… Nadie que viva y crea en mí, morirá jamás" (Juan 11:25).

El Camino - Stanley Jones
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